Así fue la vida que vivimos, en el pueblo con mi mamá. Qué difícil fue. Recuerdo una vez que uno de esos brujos estafadores lograron convencer a unos tíos y a mis hermanos que ya habían logrado encontrar el tesoro que los haría ricos, que nomás tenían que ir a sacarlo de la tierra. Les dijo el brujo que en el terreno de don Pedro estaba, pero que había que irlo a desenterrar en la noche.

Y que no que ahí va el hombrío a las doce de la noche con las palas dispuestos a reclamar su tesoro, ¿no? Ra, ra, ra, estuvieron excavando hasta que sonó el ruido de una caja, me contaba mi hermano Esteban que en ese momento se pusieron a reírse todos los caballeros allí presentes y hasta mi tío Artemio propuso echarse unas cervezas con el brujo llegando a la casa. Y pues continuaron hasta que por fin lograron sacar la caja aquella que, según mi hermano Jacinto pesaba lo suyo, si dice que hasta mientras la estaban moviendo él dijo “A ver aquí les voy a ayudar con este muertito pa’ que no digan que no ayudé” solo para ser respondido por mi tío Artemio “Calláte si tú nomás haciéndote bien pendejo usando la pala pa’ recargarte estabas”.

Al fin que fueron llegando a las dos de la madrugada con esa gran cajona a ponerla en el cuarto donde mi mamá guardaba los libros. Fue entonces cuando el brujo les dijo que no la fueran a abrir hasta dentro de una semana, para asegurar la buena fortuna “Ora pues mi general, ¿mañana a la misma hora que hoy pa’ celebrar el triunfo?” le preguntó Jacinto pero el brujo más bien se notaba vascilante para con la propuesta, nomás balbuceó algo que ni se le entendió y se echó a caminar para su casa.

Luego, cuando estábamos limpiando la casa preguntaba mi hermana Marielita pues “Oye mamá ¿y esta caja qué tendrá adentro pues?” “Déjala ahí mija, es de tus hermanos” le decía mi mamá con tal de no mufar la buena fortuna prometida por el brujo aquel. Luego otro día yo también le pregunté a mi señora madre pero me dijo lo mismo. Saber cómo era la forma de ser de mi hermana mayor que siempre fue digamos, más atrevida que una y para el tercer día ya había abierto la caja. Ante lo que encontró adentro rápidamente se fue a la cocina y con una sonrisa pícara dibujada en el rostro le dijo a mamá “bueno madrecita yo ya esa caja la voy a sacar porque pura tierra trae”. No pudiera yo dar suficiente por haber visto la cara de mi madre en ese momento, que por lo que platicaría mi hermana de ahí en adelante fue una de gran angustia, pero de esa que es ajena y que por más que la sientas, siempre tienes la calma de que no es a ti a quien se jodieron, sino más bien a tu hermano Artemio y a un par de tus condenados hijos.