Es momento de que lo aceptes: esa colección de 500 GiB que toma más espacio en realidad sirve más para rellenar tus discos duros que para que disfrutes esas ondas de sonido sin pérdida. ¿De qué te sirve tener un archivo histórico de tus álbums favoritos si como quiera lo escuchas todo a través de tus airpods?
¡Hey, pero yo tengo los Sennheiser HD 9000 XL max chapados en oro!
Si genuinamente tienes hardware capaz de tomar ventaja completa de FLAC, entonces adelante, ajeno a la discusión subjetiva de si en realidad existe una diferencia peceptible o no, destinar todo ese espacio a tu colección por lo menos sirve de algo en el sentido de que será posible percibir la diferencia frente a las opciones comprimidas (aunque la única membrana capaz de hacerlo sea la de un micrófono de laboratorio).
¿Estás seguro?
Pero si por otro lado, lo más cercano a una experiencia de escucha elevada que conoces es conectar tu teléfono a la stereo de tu carro por cable en lugar de por Bluetooth, déjame decirte que estás siendo víctima del efecto del neófito; has estado consumiendo demasiado contenido curado por una comunidad que, aunque apasionada, es precisamente esa obsesión la que, cuando expuesta a mortales como nosotros nos hace creer que necesitamos estar a su nivel, porque es la única manera correcta de hacer las cosas.
No es así. Vorbis@320kbps es más de lo que el 99.99% de la población podría
llegar a importarle en cuanto a calidad de audio. No es casualidad que
precisamente esa configuración fue el techo de compresión de spotify hasta apenas
el año pasado.
Pe- pero, ¡el valor de conservación!
Ese es un punto válido. Es verdad que cualquier día de estos los servicios de streaming pueden retirar alguna pieza que te gusta de la noche a la mañana, de la misma manera que sucede con las series y películas. Pero entonces tienes que hacer la valoración entre la posibilidad real de que eso suceda y el espacio en memoria que estás invirtiendo, permanentemente, a modo de precaución.
Hey, si tienes un rack de 20 TiB, una colección de 60,000 FLACs representa poco, pero si vives en el mismo siglo XXI que yo, te enfrentas a precios de almacenamiento exorbitantes y, siendo realistas, a menos que tu gusto musical consista exclusivamente en protestas contra genocidios o regímenes autoritarios, la mayoría de tus piezas probablemente están seguras en los servidores de Deezer o Tidal.
Mi experiencia
Un fenómeno común que he identificado en el mundo del selfhosting es la urgencia por llenar ese basto espacio con el que podemos llegar a contar, cuando eso no debería de ser así. Personalmente, considero que esta práctica es un acto de minimalismo, un modo de relacionarse de más cercanamente con la huella digital que has dejado y continúas dejando a lo largo de tu vida mientras al mismo tiempo la liberas de las garras de Silicon Valley.
Acaparar todo el contenido en línea que te parece llamativo en lo más mínimo como si fuera papel de baño en pandemia va directamente en contra de esta visión, es desenterrar el pensamiento consumista que se supone estamos intentando dejar atrás desde un principio.
Just put the FLACs in the bag
A modo de cierre: lo más probable es que no solo no los necesites, ni siquiera los querías hasta que un puñado de redditors te convencieron de lo contrario. Permítete a ti y a tus discos duros ser felices.